AGROFORESTERÍA SINTRÓPICA

Entender los procesos que se acontecen en las relaciones interespecíficas
de un ecosistema, es una tarea necesaria si queremos llevar a cabo un tipo de
agricultura en el que se trate de imitar a la naturaleza.

Filosofía sintrópica y observación de la naturaleza

Entender los procesos que se acontecen en las relaciones interespecíficas de un ecosistema, es una tarea necesaria si queremos llevar a cabo un tipo de agricultura en el que se trate de imitar a la naturaleza.

¿Por qué querríamos realizar un tipo de agricultura donde se reproduzcan las complejas relaciones biológicas que se producen entre animales, vegetales, microorganismos, etc.? Porque los sistemas naturales son biodiversos, autosuficientes, estables y todo ello sin generación de residuos perjudiciales.

En la naturaleza cada individuo tiene su sitio y su función; el ser humano forma parte de este orden, no podemos desvincularnos. Si observamos un bosque, nos daremos cuenta de que cada ser que allí habita, tiene asignado un rol, es decir, tiene un comportamiento específico en relación a los otros seres en base a sus necesidades, también, específicas. Podemos decir que todos los individuos del bosque trabajan para mantener los recursos que sustentan a todos los individuos. Los árboles, que por muchos motivos son un pilar sobre el que se fundamenta la diversidad biológica del bosque, tienen la importante función de gestionar el agua y ceder generosamente el excedente de este recurso de valor incalculable.

Cuando el ser humano hace una labor de comprensión a través de la observación de los ecosistemas y se moviliza para salvaguardar la integridad de los mismos, quizás es cuando está ocupando su verdadero lugar dentro de la naturaleza, porque somos seres que poseen la capacidad de reflexionar sobre aquello que percibimos. Pero, observándonos a un nivel más físico, comprobamos que nuestro cuerpo es estilizado y con largas extremidades ¿Podría ser que estemos diseñados para estirarnos y coger frutos de árboles y no para tener una dieta basada en plantas herbáceas? Si así fuese, nuestro ecosistema natural sería el bosque, entonces ¿es nuestra misión ser los guardianes del bosque?

Lo que podemos aprender observando la naturaleza:

  • El suelo, ese gran aparato digestivo del planeta donde se guarda el material genético del bosque en forma de semillas y microorganismos, es donde se nos muestra el estado del ecosistema. Las plantas adventicias son el primer indicativo para este conocimiento (por ejemplo: las gramíneas nos indican un exceso de compactación del suelo).
  • En un sistema en equilibrio no se producen niveles de población descontrolados de un ser vivo (plagas). Por ello, deducimos que una planta que se vea afectada por una enfermedad o una plaga es una planta que, por algún motivo, está debilitada o fuera de lugar.
  • Infinitas soluciones para cada situación, por extrema que esta pueda ser, con lo que la vida consigue abrirse camino en cualquier medio. Por ejemplo: las hojas endurecidas de las plantas mediterráneas que reducen la perdida de agua, plantas que se desarrollan formando espirales descendentes para aprovechar la condensación, la forma pesada y alargada desarrollada en frutos de árboles de manglar, para poder llegar hasta el suelo a través del agua, etc.

Por otro lado, un modelo de aprovechamiento basado en los criterios de la agroforestería sintrópica es más diverso y estable, lo cual se traduce en una mayor variedad y seguridad en la obtención de productos, todo ello sin necesidad de aumentar la superficie de cultivo. Esto otorga una mayor libertad de decisión frente al monopolio de las macroempresas que controlan los canales de comercialización, lo que permitirá al agricultor no verse obligado a sobreexplotar y a poner en peligro los recursos que le permiten vivir.

En este punto se puede ofrecer la definición de sintropía como: “Acumulación de energía y materia en un orden cada vez más complejo, para construir la mayor diversidad de formas posibles”.

El valor del agua

El agua es un factor de importancia determinante para los ecosistemas. Tanto es esto así, que la disponibilidad y el estado en el que se encuentre va a influir en la propia estructura de los ecosistemas. Es evidente que la vegetación que exista en una zona árida no va a tener las mismas condiciones de adaptación que aquella vegetación que habite en un bosque húmedo o aquella otra de zonas con hielos estacionales. Esto, por tanto, configurará paisajes muy específicos.

La  relación existente entre la vegetación y el agua es indisoluble. El agua genera bosque y el bosque genera agua, es decir, el bosque es un sistema que se autorregula. Los árboles, en sus procesos biológicos, son un eslabón de vital importancia dentro del ciclo bioquímico del agua, sin su presencia el agua discurriría directamente de las montañas a los lagos y mares, sin que pudiese ser aprovechada por las distintas comunidades de seres vivos que dependen de la acción y protección de los árboles.

El árbol absorbe agua del subsuelo y luego la incorpora al ecosistema por transpiración a través de las hojas. Se estima que un árbol de 10 metros de copa rescata unos 300 litros de agua al día, y que un árbol de 20 metros de copa rescata unos 1.100 litros de agua al día. Como vemos a través de estos datos, la existencia de árboles de gran tamaño también es una necesidad para la persistencia de los ecosistemas. No en vano, en los sistemas naturales podemos ver árboles de todas las edades: los adultos proveen y los jóvenes aseguran el relevo generacional.

“Conservar el agua debe ser una prioridad para la agricultura”.

Técnicas de agroforestería sintrópica

En primer lugar, debe ser un diseño que guarde gran parecido con el paisaje del entorno local.

Debemos tener muy en cuenta que hay que imitar la evolución natural de especies vegetales, porque cada escalón de esta sucesión crea unas condiciones que hacen posible la progresión hacia el siguiente escalón. Desde un terreno muy degradado la sucesión natural consistiría en lo siguiente:

  • Hierba pionera. Materia orgánica de descomposición rápida y primeras interrelaciones microbiológicas.
  • Matas bajas que aumentan la materia orgánica, reducen la compactación, etc.
  • Arbustos pioneros que aumentan la complejidad de las interrelaciones microbiológicas del suelo.
  • Estrato arbóreo de coníferas que crean profundidad en el suelo.
  • Vegetación arbustiva de bosque, que sirve de elemento propagador del bosque.
  • Estrato arbóreo de bosque.
  • Vegetación climácica, acompañada de vegetación de otros niveles.

Este proceso evolutivo, que la naturaleza realiza a lo largo de cientos de años, nosotros podemos acelerarlo sembrando una mezcla de semillas de plantas de distintos niveles, pensando en que cada semilla germinará cuando llegue su momento, en base al contexto requerido. Pero sin lugar a dudas, a la hora de sembrar, cuanto mayor cantidad y mayor variedad, mayor beneficio.

En agroforestería sintrópica hacemos una agrupación análoga y sintetizada que consiste en:

  • Colonizadoras (placenta). Cumple la función la hierba pionera.
  • Pioneras arbustivas. Cumple la función de las matas bajas, los arbustos pioneros e incluso de las coníferas.
  • Pioneras arbóreas. Árboles de rápido crecimiento que proveen al sistema de materia orgánica de forma continua.
  • Árboles secundarios. Pueden cumplir diversas funciones según las necesidades: producir frutos u otros productos, aumentar la diversidad del sistema, etc.
  • Árboles climácicos. Árboles más longevos destinados a ser la base estructural de este ecosistema biológico.

Con todo ello obtendremos un sistema diverso, dinámico y eficiente, compuesto por plantas de distintos tamaños (estratos), funciones y aprovechamientos según las necesidades que deseemos cubrir.

Para crear un SAF (Sistema Agroforestal) tendremos que fijarnos en ciertas cuestiones: el estado inicial del sistema, los recursos naturales de los que disponemos, el nivel de mecanización con el que contamos, los productos que deseamos obtener, si las plantas que deseamos poner son aptas para el contexto bioclimático… Cada contexto y situación requiere un planteamiento específico, sin embargo, hay algunos principios que podemos considerar comunes o muy recomendables para la elaboración de un SAF, que son:

  •  Aprovechamiento eficiente del agua, gracias al cultivo en línea clave, taludes de retención, estructura de cobertura, abono verde, etc. Cuanto más seco sea un contexto, mayor densidad de plantación necesitaremos para equilibrar el sistema porque, como ya se ha dicho, la vegetación genera agua.
  • Cobertura del suelo con materia vegetal de distinta consistencia y niveles de degradación. En este sentido conviene que sea materia local, siendo lo ideal destinar cuatro quintas partes de la superficie de la parcela de cultivo a la generación de las plantas herbáceas, que nos van a servir como materia verde de cobertura. La otra quinta parte será la superficie para nuestro cultivo.
  • Podar y desbrozar de forma continua serán labores de gran importancia para la evolución del sistema. La experiencia está demostrando que mantener el estado de crecimiento en las plantas, promoviendo la creación continua de materia vegetal, permite obtener un sistema más saludable y de mayor fertilidad.
  • Permitir la entrada de luz. La poda ayudará a que todas las plantas reciban la luz que necesitan en un sistema de alta densidad.
  • Cultivar en alta densidad. Tanto si sembramos como si plantamos, potenciaremos la diversidad de plantas de distintos estratos, alturas y aprovechamientos. Algunas especies de árboles (pioneras) van a cumplir la función de generar gran cantidad de materia para alimentar al sistema, por ello, cuanto más densidad tengamos más materia vegetal se generará en el sistema.
  • Proteger la estructura física y la microbiología del suelo. El laboreo lo reduciremos al mínimo imprescindible para no erosionar ni producir una regresión en las interacciones biológicas que se producen con el subsuelo como medio.

 

Documento elaborado a partir de las ideas expuestas por los expertos en Agroforestería sintrópica : Sergio Olaya, Jaime Paramo y M. Ángel Llorente, en el Centro para el Desarrollo Integral El Jardín de Gaia, San Lorenzo del Escorial (Madrid), los días 20, 21 y 22 de septiembre de 2019.
Realizado por J. Pablo López González para Vivencia Dehesa.

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