La importancia de los estanques temporales para la biodiversidad en ecosistemas mediterráneos

En un pequeño charco, en mitad de una masa forestal, aparece la vida y nos recuerda la necesidad de proteger y conservar nuestro patrimonio natural.

Encontrarse un charco en un camino tras una tormenta mientras damos un paseo por la dehesa puede parecer algo banal, lo bordeamos para no mojarnos y seguimos con la ruta que nos hemos propuesto para ese día. Es sólo un charco.Si en un arranque de curiosidad nos paramos a mirar desde arriba qué hay, podemos llevarnos una gran sorpresa. Y eso lo que nos pasó el otro día recogiendo las cámaras de fototrampeo. En primer lugar, nos sorprendió encontrar un vídeo de un sapo en el charco cantando (¡Qué sensibilidad tiene la cámara!). Al día siguiente fuimos a buscar si ese sapo había dejado alguna puesta, esas cadenas de huevos en una masa gelatinosa de las que saldrán los renacuajos.

La primavera parece que no quiere llamar a la puerta este año, que entrará sin avisar para llenar todo de vida y color. Con el sol que ya calienta sobre nosotros y el agua clara del charco en medio del monte mediterráneo de Valdepajares de Tajo, pudimos ver que no sólo estaba el futuro de los anfibios ahí, vimos una “cosa” nadando.

Tras investigar, buscar y preguntar con ese gusanillo que cualquier naturalista tiene, encontramos la respuesta de esa cosa. Estamos fascinados por saber de la presencia de un crustáceo muy singular en los estanques temporales de Valdepajares de Tajo.

Esta especie cuya existencia en la finca desconocíamos, se llama Branchipus cortesi (descrito por primera vez por Alonso & Jaume, 1991) y es un branquiópodo endémico de la Península Ibérica (el término endémico hace referencia a que sólo existe en un determinado lugar). Tiene una abundancia bastante limitada y donde se suele encontrar es al sur del Sistema Central, en las cuencas del Tajo, Guadiana y Guadalquivir, pero no en los ríos sino en estanques temporales. Los estanques temporales mediterráneos son cuerpos de agua que se suelen secar en verano.

Una se sienta a reflexionar, he pasado por este charco casi cada día durante los últimos siete años y nunca había visto nada parecido a una gamba y mucho menos lo habría imaginado cuando estaba seco entre julio y octubre. La naturaleza nos impresiona mostrando cómo un crustáceo, de no más de 2,2 cm, es capaz de aguantar sin agua la mayor parte del tiempo dejando a las siguientes generaciones en unos huevos de resistencia. Esos quistes permanecerán latentes hasta el periodo de lluvias cuando el charco se vuelva a llenar.

Entendemos ahora la importancia de los estanques temporales mediterráneos y por qué constituyen un hábitat prioritario para la Unión Europea. En un pequeño charco, en mitad de una masa forestal, aparece la vida y nos recuerda la necesidad de proteger y conservar nuestro patrimonio natural.

Por Carmen Perona Guillamón (Responsable de biodiversidad de Vivencia Dehesa).

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